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Valyrâ Dalia Belghëlmer Heimdäll.

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Valyrâ Dalia Belghëlmer Heimdäll.

Mensaje por Valyrâ D. Belghëlmer el Miér Sep 19, 2012 10:03 pm






NOMBRE COMPLETO:
Valyrâ Dalia Belghëlmer Heimdäll.

EDAD:
Veintiseis años.

GRUPO:
Ángeles.

ORIENTACIÓN SEXUAL:
Asexual según su condición celestial. Heterosexual siendo humana.

OCUPACIÓN:
Matrona.

PODER:
Levitación, Sanación, Telepatía, Concesión de poder, Empatía.
Aspecto Psicológico
«En definitiva, aquellos a quien uno ama no son otra cosa que... aquellos a quien uno ama.»
Valyrâ camina por la vida deseando a veces no ser vista, invirtiendo sus esfuerzos en respirar y poco más. Una mente crítica encerrada en un cuerpo atractivo de mujer, con unos ojos curiosos que parecen asustarse a la primera de cambio. Es como una tormenta nocturna de verano, que consigue erizarte la piel y te empapa, pero además, bebe de ti. Se despierta por las mañanas con ganas de comerse el mundo, pero no consigue acabarse ni siquiera el café. Decididamente se la ha encasillado como a la chica a la que robarle fácilmente el caramelo, pero lo cierto es que lo que cree suyo lo defenderá con uñas y dientes, hasta tal punto, que incluso al sostener el caramelo tan fuerte y apretarlo contra su mano se hace daño a sí misma. Intenta por todos los medios mantener infranqueables sus buenos modales, aquellos que desde el principio de los tiempos fueron marcados a fuego en su piel, sin embargo, nos encontramos con que su carácter es más bien fruto de casualidades que de pactos hechos con la cortesía. Es como un claro en el bosque, que te espabilará y te hará ver la luz al final del túnel; pues no es una sombra apagada ni una chica sumida completamente en el nihilismo. Lo que parece no es, y aunque parezca que ella no siente curiosidad por la vida, siente la tuya y más. Su corazón se abre al público para recibir a todo aquel que quiera acercarse a ella, pero es reticente a compartir su vida personal a la ligera y esconde su fragilidad y sus miedos por miedo a mostrarse débil ante los demás. Pasa por la vida de las personas intentando sembrar siempre algo bueno, y además, acaba recogiendo las tempestades de otros para llenarlos así de felicidad y jolgorio, mas no por ello carece de un aura de vivacidad y alegría. ¿Dónde despojarte de aquel sentimiento de culpabilidad que te come desde dentro? Cerca de Valyrâ, seguro.

Cuando la ves, determinas perfectamente que es quizá el eslabón débil. El animal que se encuentra al final de la cadena alimenticia. El pez pequeño que es devorado cruelmente por el grande. La lucha interna que mantiene el Ángel poderoso con la pequeña humana asustadiza determina en todo momento quién es Valyrâ: un corderito que antes de ser degollado ya sufre, y que pese a todo, sigue queriendo mantenerse con vida, que renace como el ave Fenix de sus propias cenizas y que ansía encontrar su lugar en algún lado y esperar a que el daño deje de existir. Pese a que las dosis de conocimiento que recibe a diario son más altas de lo normal y que su cerebro procese información a cien mil por hora, no habla con superioridad en ninguno de los casos y prefiere mantenerse al margen de cualquier debate, y el hecho es que si le llevas la contraria, probablemente ni te discuta. Es de esas que prefieren pausar y retroceder antes que avanzar, pero que esperan ansiosas algún cambio, para no tener que hacerlo ellas mismas. Su vida, en resumidas cuentas, se basa en respiraciones pausadas y en largos pestañeos que abarcan las horas de todo un día. Y es que posiblemente, si Valyrâ desapareciera, pocos serían los que se dieran cuenta y llorarían inútilmente su pérdida.

Valyrâ no es ingenua, no te confundas: a lo largo de su vida han pasado por delante de sus ojos escenas de crueldad desgarradora, pues ha visto como los seres humanos se han aniquilado entre ellos desde que el mundo existe como tal. Es por eso que es incapaz de marcarse objetivos y metas a largo plazo, pues no pretende gastar cada uno de sus esfuerzos en planear algo que no esté totalmente segura que va a poder llegar a cumplir. Le cuesta confiar en la gente, pero una vez que lo hace, suele darlo todo. Tiene la paciencia de un santo, y además, es sumamente cautelosa y detallista. No hace nada por hacer, y si lo hace, lo hace bien. Rematadamente bien. No mataría a una mosca ni aunque quisiera, aunque todo eso cambia cuando se siente amenazada y es mayor el deseo de sobrevivir que el de respetar la vida de otro. Es especialista en esconderse, en evitar la realidad, en evadirse y abstraerse para que no se la coma el mundo. Y su única arma para defenderse de los ataques ajenos parece ser que es su lengua: en único lugar en que, con sutileza, su alma se vuelve un poquito más oscura. Sus palabras son finas cuchillas que se clavan por doquier, y que hacen daño. Compuesta por pedacitos rotos de su pasado, desde sus primeros viajes a la tierra hasta su actual posesión. Se pegaría a ella misma una bofetada por cada error que cometió en antaño solo si tuviera el coraje suficiente para hacerlo, pero lo cierto es que pretende terminar con ese bucle infinito de errores que un día terminarán con ella.

Más tarde o más temprano, uno acaba acostumbrándose a ella. A sus frases inacabadas, a sus intentos por parecer alguien normal, a sus espontáneas sonrisas y a sus miradas perdidas. A ese sentimiento de nostalgia que la acompaña a todos lados. Aprenderás a querer protegerla, o a querer destrozar cada uno de sus finos alientos. Comprenderás que su propia existencia puede que convirtiéndose en su personal calvario, y pese a todo, seguirás pensando que se sigue moviendo por impulsos, por la codicia, por el dinero o por el azar. Y lo cierto es que ella se mueve porque tiene dos piernas con las que poder caminar, y un corazón que pese a las ardientes cicatrices que aún le siguen doliendo, lucha por mantenerse dentro del combate que representa la vida misma.

«Razones para matar a alguien hay muchas, pero para salvar a alguien no se necesita ni una sola.»
Aspecto Historico
Los Ángeles son la orden más inferior en la jerarquía angelical, y sin embargo, son los más conocidos por los hombres. Son los que más están relacionados a los asuntos humanos, y a la vez, son los que los protegen. Son los mensajeros de Dios en los hombres.
Eyael, el Ángel delicia de los niños y de los hombres. El espíritu bondadoso, el de la verdad. Durante toda su larga vida ha vivido bajo el reinado de Dios, siendo su fiel seguidor y profesando todo aquello que el gran creador decía. Se mantuvo a su derecha, siempre, sin cuestionar ni un solo segundo toda acción ejecutada. Fiero, pero bondadoso siempre. Inteligente, más sin pecar nunca de soberbia. Ha sido siempre uno de los ángeles protectores de los hombres, y especialmente, de los niños. Ha vivido protegiéndolos y amparándolos cuando se sentían solos y perdidos, a ayudado a traer cientos al mundo, y como no podía ser de otro modo, el cuerpo que poseyó en su última bajada a la tierra fue el de una joven bella, inteligente y sana que desempeñaba el oficio de matrona. ¿Valyrâ? Una mujer noble y pura, de alma bendecida por el mismísimo Dios. Creyente, mas no practicante en exceso. Sus acciones siempre van acompañadas de buenos gestos, y fue en eso en lo que se fijó el Ángel Eyael.

No era la primera vez que Eyael tomaba posesión de un cuerpo humano. Ya había bajado a la tierra antaño, en distintas épocas. En todas y cada una de ellas había elegido bien al ser humano digno de albergar su alma celestial, sin embargo, aquella vez Eyael no tuvo en cuenta qué era lo que podía haber detrás de la tierna sonrisa de Valyrâ: una familia entera. Eyael lo tuvo bastante complicado, no solo porque tenía que lidiar con los sentimientos de la joven humana, sino porque al parecer su familia estaba resquebrajándose. Su marido y ella tenían problemas, y para dificultar más las cosas, había una niña de por medio. Un ser inocente y frágil así como lo era la mismísima Valyrâ.

Eyael se vio obligado a actuar de la forma en la que ella comprendía era mejor. Desconocía los problemas que tenía Valyrâ con su marido, sin embargo, intentó solucionarlos. Pero había límites infranqueables, barreras que en un principio no estaba dispuesta a cruzar. Era un Ángel, y como tal, debía de seguir fiel a sus votos, porque si no, el castigo sería cruel y doloroso. Le despojarían de sus alas y todo lo que había conseguido sería en vano. Día tras día ayudaba a traer niños al mundo, a los que amparaba bajo su protección, y cuando llegaba a casa, intentaba estabilizar una relación que Valyrâ había dado prácticamente por perdida. Eyael se debatía día y noche entre su cometido divino y la vida del cuerpo que albergaba ahora a su alma.

Aunque su vida se haya complicado debido a los últimos acontecimientos, sigue manteniéndose concentrada en llevar a cabo su tarea: proteger a los humanos, guiarlos hacia la luz y asentarlos en el bien.
Otros Datos
- Se ha encariñado con la hija de Valyrâ, demasiado, y teme abandonar el cuerpo que ha poseído y separarse de aquel ser inocente.

- Una de sus pasiones terrenales es la música. Le encanta la clásica, sobretodo, y no le desagrada el Jazz.

- Pese a que no es la primera vez que posee un cuerpo humano, siguen abrumándole los sentimientos terrenales. Intenta controlarse, pero en esta posesión le está siendo más complicado de lo que en un principio había pensado.

- Un handicap más de su bajada a la tierra es el ateísmo de su marido, con el que día tras día tiene que lidiar.

- Al parecer, Valyrâ es una persona con muchas amistades, pero tras la posesión del Ángel se ha distanciado bastante de ellas.

- Ha tenido, desde su bajada a la tierra, varios enfrentamientos con Demonios con los que se ha cruzado en su camino. De hecho, uno de ellos, trabaja en el mismo departamento que ella en el Hospital.

- Disfruta yendo al cine y saliendo a pasear siempre que puede y le queda tiempo.
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Valyrâ D. Belghëlmer

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Re: Valyrâ Dalia Belghëlmer Heimdäll.

Mensaje por Margaret J. Stonefield el Miér Sep 19, 2012 10:49 pm

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