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La redada || Galatea

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La redada || Galatea

Mensaje por Belia K. Svoboda el Mar Sep 25, 2012 9:27 pm

Con Galatea || en los callejones del mercado || 21:30 pm

La falsa ironía de sus labios dejaban ver la inconformidad que sentía al estar en aquel lugar. Por algún tipo de razón su jefe la había mandado a enterarse de la compra y venta de droga que tenía lugar clandestinamente en ciertos puntos del mercado de la ciudad. Como toda persona prudente, le había recomendado a la rubia ir con algún agente a la busca y captura de la situación, ya que debía ser una exclusiva y, de paso, servirle de protección a su periodista.
Con la misma imprudencia de siempre, Belia acudió sola a la aventura. Se encargó de rodearse del mayor número de personas que a esas horas, ya eran pocas. El mercado comenzaba a cerrar y ya llevaba un par de horas dando vueltas sin encontrar absolutamente nada. La cámara que le colgaba del cuello se resentía de aburrimiento. Nadie había reparado en su presencia especialmente, pues en aquella ocasión había optado por ser algo más discreta a la hora de vestir.

Poco a poco la noche se cernió sobre la cabeza de Belia, un manto oscuro que a penas dejaba ver la luminosidad de un par de estrellas mal contadas ¿Y el frío? El frío aquella noche en particular era soportable. No calaba a los huesos ni te hacía sentir frágil ante su presencia. La humedad de la noche ayudaba, aunque tampoco era un gran alivio para la astiada Belia. Cuando los puestos y tiendas del lugar cerraron por completo, la periodista optó por volver a casa con las manos vacías. Una conducta que a la muchacha le resultaba de lo más hiriente y negativo para su carrera. Ella era eficaz en su trabajo, tan eficaz que eran pocas las veces que había vuelto sin nada que darle a su jefe ¿Qué escribiría ahora? ¿El fracaso? No, no estaba dispuesta a aceptar una derrota secreta de manos de la mala suerte.

Decidió adentrarse en lo recóndito del mercado, en esos callejones donde ratas de alcantarilla y cubos de basura eran los reyes del mambo. En esos en los que el agua discurre por el suelo sin nada que la frene y las luces tintinean con un siniestro parecer. Y allí estaba ella, andando lentamente por la inmediaciones solitarias de una ciudad apagada. Luces en las ventanas de los edificios le anunciaban lo contrario, pero ella se sentía como si el vacio se encontrara al final de la calle. En busca de algo más de protección -absurda por cierto- se cubrió la cabeza con la capucha de la sudadera, dejando fuera de la vista su rubia cabellera.
¿Cuántas calles recorrió sin éxito? Sólo ella sabría decirlo. Suspiró profundamente antes de darse por bencida...quizá fue ese sonido al final de la oscuridad latente, o el último impulso antes de la pérdida de la esperanza, el caso es que algo llamó la atención de la muchacha de ojoz azules. Algo losuficientemente importante como para cambiar de dirección nuevamente.

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Re: La redada || Galatea

Mensaje por Galatea A. Giorgatos el Mar Sep 25, 2012 11:55 pm

Sus suaves pasitos no causaban ni un solo ruido sobre el suelo de adoquines que conformaban las calles y callejones del mercado. En aquellos momentos era una sombra, el fantasma de la zona Este. Llevaba lo que debían de haber sido horas paseando, pero ella no notaba el cansancio, estaba hastiada, aburrida de aquel día tranquilo y poco fructífero. Demasiadas sonrisas, demasiados gestos dulces y palabras tranquilas. Ella necesitaba sangre, necesitaba sentir el dolor ajeno envolviéndola con su apaciguador manto, los llantos de una madre al contemplar el cuerpo degollado de su pequeño niño, las súplicas de un hombre reducido al más patético de los seres o el sonido sibilante que causaba una vida al destrozarse para siempre llenando sus oídos. Antes las cosas eran más fáciles, podía dar rienda suelta a sus instintos homicidas o darse largos baños en la sangre de sus inocentes víctimas sin preocuparse por repercusión alguna. A veces echaba de menso aquellos tiempos, tiempos despreocupados sin guerras de mierda que librar por un trono que ni si quiera iba a ser suyo. Pero si algo le habían enseñado sus muchos —muchísimos— años de vida era que los tiempos cambiaban y, o te adaptabas a ellos, o morías. Era la ley de la evolución, la misma que un desagradecido y borrachuzo científico presentara ante sus colegas muchos años atrás gracias a su ayuda.


Frunció el ceño, perdiendo el hilo de sus pensamientos, cuando una inesperada y suave ráfaga de viento sacudió sus cabellos. Por poco que fuera Galatea no soportaba el frío, no era de extrañar, a fin de cuentas ella era un ser que provenía del averno donde siempre hacía calor. Se paró en seco y se apoyó contra una de las fachadas que conformaban el callejón. La tienda de fruta hacía ya algunas horas que había cerrado, pero su cubo de basura aun estaba lleno y a rebosar de los restos de alimentos desechados dado su mal estado o la llegada de su fecha de caducidad. La muchacha cerró los ojos, sonrió de oreja a oreja, en una mueca llena de complacencia y satisfacción, y aspiró el aroma pestilente que expedía el metálico recipiente de desechos. El olor de podredumbre la llenó, trayéndole con su asquerosa fragancia recuerdos felices de cuerpos desollados y tan o más pútridos que aquella fruta. Galatea, o más bien el podrido y retorcido demonio que habitaba aquel cuerpo, adoraba aquel olor, era perfecto para ella. Reposó pues allí unos minutos, sintiendo como el buen humor —si es que un demonio podía disfrutar de algo así— retornaba poco a poco a ella. Pero el momento fue enturbiado de pronto cuando notó como una mano se posaba en ella. Cuando abrió los ojos verdes y brillantes se encontró frente a si con un hombre alto y desgarbado que la observaba con una sonrisa mostrando sus dientes amarillentos y torcidos. Murmuró algo sobre comprar chocolate y, aunque Galatea entendió a la perfección que no se refería al dulce que los humanos ingerían tan comúnmente adoptó su papel de niña tonta y sonriendo se negó.


- No, que me salen espinillas. –su sonrisa fue aniñada y vacía a la vez, lo que desconcertó al hombre que de pronto montó en cólera. La china no se inmutó en lo más mínimo, sino que con la tranquilidad que la caracterizaba se limitó a agarrar al hombre por la muñeca y retorcérsela hasta que este cayó arrodillado a sus pies.- He dicho que no, deberías aprender sobre modales. -de un empellón lo estrelló en el cubo de basura que acabó derrabado, esparciendo con más fuerza su peste. Ella ni se inmutó, sino que se expulsó las ropas de posibles manchas y se dispuso a continuar con su camino, pero algo la detuvo, o quizás sería mejor decir alguien. La vio acercarse desde las profundidades oscuras que formaban el callejón y aunque ocultara sus cabellos con la capucha de su sudadera reconoció a la perfección sus curiosos ojos azules. Siempre a la caza de una nueva noticia, siempre a la caza de respuestas. Alguien debería de enseñarle que las respuestas no siempre son las deseadas. ¿Y quién mejor que ella para impartir dicha lección? Detuvo pues sus andares y esperó con paciencia y una envidiable sonrisa a que la presa se acercara. Olvidó completamente al hombre tirado entre los cubos de basura que se apresuró a ponerse en pie y escapar corriendo, olvidó la fragancia podrida que teñía el ambiente o lo extraña que podía resultar su presencia allí. Todo aquello no eran más que nimiedades cuando el juego acabaña de comenzar.
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Galatea A. Giorgatos

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Re: La redada || Galatea

Mensaje por Belia K. Svoboda el Miér Sep 26, 2012 5:26 pm

Los lentos e indecisos pasos de la rubia se hacían eco entre las paredes del oscuro callejón. Era el silencio quien hacia de soporte a los mismos, sin embargo otros pasos llegaron a los oídos de Belia sin previo aviso. Eran rápidos, más apresurados que los suyos y comprendió sin mucho esfuerzo que la persona que se precipitaba hacia su dirección estaba corriendo ¿Sería algún tipo de señal? La rubia prefirió entonces quedarse quieta y apartarse de la vista inmediata de quien pudiera ser el sujeto que avanzaba por aquel callejón. Se apoyó en una de las paredes, sin moverse y con la cabeza agachada, tratando de pasar desapercibida. Quizás tratando aparentar ser alguno de esos drogadictos que se pasean por las inmediaciones o alguna persona abandonada de la mano de Dios. Mas con la cámara colgando de su cuello era difícil aparentar tal cosa, por muy malas pintas que quisiera aparentar tener. Y sin embargo la persona que pasó corriendo no reparó en ella, no supo si por sus esfuerzos en que no lo hiciera o si simplemente porque estaba demasiado ocupado corriendo ¿Había sido hombre o mujer? Ni si quiera se había fijado.

Belia tardó en reanudar la marcha, más que nada por preguntarse la razón por la que corría aquel individuo. Podía ser cualquier cosa, desde que alguien le perseguía hasta que tenía prisa por llegar a alguna parte. Ella no era nadie para juzgar y mucho menos para adivinar algo imposible. Cuando se incoporó de la pared y fue consciente de lo que la rodeaba, un olor a mismísima putrefacción llegó con la brisa fría hasta sus fosas nasales. Una mueca de puro asco fue todo cuanto pudo realizar a parte de taparse la nariz con la manga de su sudadera ¿Qué diablos era aquello? No debería de haberselo preguntado si quiera. Mas a la rubia le era imposible resistirse a su curiosidad, a esa curiosidad que mató al gato y que amenazaba continuamente con acabar con ella. Mujer imprudente y lanzada, atrevida y con poca cabeza ¿Cómo había llegado si quiera hasta su posición? El esfuerzo de su trabajo y empeño diario, sin duda alguna. Fueron a penas unos pasos los que dio hasta vislumbrar la silueta de alguien en medio de la calles, una siniestra forma que amenazaba con destruirlo todo. Estuvo tentada de pararse, de dar media vuelta y volver a la tranquilidad y seguridad de su hogar, pero no lo hizo. Belia se interesó por la figura, sin ni tan si quiera plantearse la posibilidad de que la misma podía ser la causa del terror de la persona anterior. Se adentró un poco más en la temida boca del lobo.

Fue suficiente lo que avanzó para poder diferenciar del resto a la persona ante sus ojos. Ese pelo rubio platino y su pequeño cuerpo de apariencia frágil y dulce eran inconfundibles. Pero Belia sabía perfectamente que la dulzura de los años de esa niña se habían perdido ¿Sabía cómo se llamaba a caso? Sí, pero por pura casualidad. El destino había querido que así fuera, que la chiquilla de dieciseis años se introdujera en su vida esporádica y peligrosamente. Allí parada, a una distancia prudente de la misma, la periodista escrutaba a la muchacha de arriba a abajo, como si quisiera asegurarse de que ella era segura. Sin embargo asegurar aquel hecho le resultaba del todo imposible después de la presencia de la muchacha en escenas de crímenes continuados. No se fiaba de ella ¿Cómo poder tan si quiera plantearselo? Cruzó una mirada silenciosa con la chica aún con la mano sobre su boca y nariz: el olor era aún más fuerte en ese apartado lugar.— ¿Ya has vuelto a divertirte?.— la rubia no se cortaba un pelo, por muy extraña y peligrosa que le resultara aquella situación. Ni si quiera entendía cómo podía aguantar en aquel lugar tanto tiempo sin vomitar.

Belia no dijo nada más, la ironía y diversión en sus palabras estaban tan claras como el agua. Ofender a la muchacha no era algo que hubiera pretendido, pero si por casualidad resultaba de esa manera, quizás tendría un serio problema. Hacía poco que la había denunciado a la policia y que ésta iba detrás de la misma, por lo que produjo en el cuerpo de la mujer una situación de tensión, que no de miedo. La pobre Belia no conocía entonces la realidad de la vida y tampoco entendía que realmente debía echarse a temblar ante la presencia del mismísimo averno.

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Re: La redada || Galatea

Mensaje por Galatea A. Giorgatos el Vie Sep 28, 2012 9:04 pm

En sus más de dos mil años de vida Galatea había llegado a encontrarse con cientos, con miles de humanos, pues no en vano su insignificante especie poblaba el ancho y vasto mundo. Para ella se reproducían a la misma velocidad que las termitas o las cucarachas —aunque la comparación con cualquier insecto o bicho desagradable valdría para ilustrar su pensamiento— y era también igual de fácil acabar con ellos. Había jugado con ellos de tantas formas diferentes, los había sometido a tantas torturas y humillaciones, los había hecho sangrar, llorar, suplicar… pero aun con la diversión que dichos actos le proporcionaron los rostros y los nombres se habían ido difuminando y borrando. ¿Había sido con una mujer su primer pacto? ¿Había sido un joven galés con el primero con el que utilizara la tortura de la dama de hierro? ¿Había sido durante la revolución rusa que se paseara entre elegantes salones poblados de muertos? Todo era un seguido de recuerdos que iba perdiendo con el tiempo. Algunos lamentaba olvidarlos otros, sin embargo, no le importaban demasiado. Pero había algo que nunca, jamás, olvidaría. A aquellos humanos que, todavía en contra de toda expectativa, demostraron tener algo interesante, algo que los distinguiese del resto. En algunos había sido un talento para matar envidiable, en otros una fe en el todopoderoso escalofriante y aquella chica en concreto tenía un no sé qué de extravagante con cierto matiz de sagacidad que la hacían un juguete interesante para el demonio que habitaba el pequeño cuerpo de la adolescente.


Las palabras de la periodista llegaron hasta Galatea claras y cortantes. Galatea se encogió de hombros con parsimonia, sin perder un ápice de su sonrisa y negó después suavemente. Sus cabellos, recogidos en una descuidada trenza reposando en uno de sus hombros, se movieron de lado a lado contribuyendo, de alguna manera, a dar más énfasis a su respuesta.- ¿Divertirme? Esperaba poder hacerlo, pero me temo que este está resultando un día de lo más aburrido… –hizo una pequeña pausa, centrando con más fuerza sus ojos claros, casi muertos, en la periodista.- …hasta este momento al menos. ¿Te acompaña hoy también algún agente de la ley? Fue divertido que me interrogaran. –no había sido la primera vez que había sido interrogada. A fin de cuentas cuando tomó aquel cuerpo ya había tenido que enfrentarse a lo que los humanos denominaban agentes de la ley. A algunos demonios les incomodaba tener que responder a preguntas de seres inferiores como aquellos, pero a ella no. A Galatea le gustaba jugar con las respuestas, soltar pequeños acertijos y frases carentes de sentido, le gustaba causar confusión y enredar con su mente. Probablemente aquella pequeña charla con los agentes había sido de lo más divertido que le pasara desde que llegara a Praga. Su silencio había sido tal vez un poco largo, por lo que suspiró para atraer nuevamente la atención de su interlocutora —aunque no es que aquello hiciera verdaderamente falta— y hacerle entender que iba a volver a hablar.


- Eso parece muy difícil aquí, pensaba que las cosas serían más divertidas, pero me estoy llevando una decepción. –volvió a callar, dejando que las palabras fluctuaran pro el aire y llegasen hasta su interlocutora. Se balanceó sobre sus pies, ejecutando así un gracioso bailecito al tiempo que aspiraba con fuerza el pútrido olor, sin dejar que sus labios se descurvasen ni un solo instante.- ¿No vas a preguntarme si estoy bien? –escupió de pronto con socarronería, aunque sabía que todo aquello no causaría a penas nada en la humana.- Una pobre niña sola por las calles oscuras… podría pasar cualquier cosa… a mí o a otros. –concluyó. Tuvo ganas de carcajearse de sus propias palabras. ¿Qué iba a poder pasarle a ella? Sin embargo, sé contuvo.- La mayoría de las personas con las que me he topado ni si quiera han reparado en mí. Todas están demasiado ocupadas intentando hacer una vida normal e ignorar lo que está pasando. O disfrutando del tiempo que les queda entre putas, alcohol y drogas. Pero tú, tú eres diferente, ¿verdad? –Pese a que su tono fue interrogativo, no era necesaria una verdadera respuesta. Pues estaba clara cuál iba a ser. Sí, Belia era diferente, porque ella buscaba la verdad.
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