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Darkness In The Light. {Luise E. Fellner}

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Darkness In The Light. {Luise E. Fellner}

Mensaje por Andrómeda J. Ylönen el Vie Sep 21, 2012 7:04 pm

Una bufanda marrón se encontraba rodeando el blanquecino cuello de la joven, que a su vez, se posaba parcialmente sobre la chaqueta negra que le cubría el resto del torso, y unos vaqueros ajustados protegían a sus delgadas piernas. La noche se había cernido sobre la ciudad hacía ya unas horas, y aunque la mayoría de los ciudadanos se encontraban descansando en sus casas, a salvo, la castaña todavía deambulaba por aquellas frías, pero seguras calles de Praga. Acababa de salir del trabajo y había aprovechado para ir a comprar unos cafés para llevar. Lo cierto es que aquella noche había decidido tomar un nuevo camino y no estaba muy convencida de que fuera el correcto. Por un momento se alertó, vivían tiempos difíciles y cualquier acto o sonido, le ponía los pelos de punta. Sin embargo, cuando giró con lentitud el rostro para saber lo que ocurría, se rió de sí misma al comprobar que se trataba de un simple gato negro, o al menos, eso creía. Volvió la vista al frente y prosiguió su camino, aunque todavía atenta a cualquier sonido que pudiese escuchar, era de noche y las calles parecían desiertas, como si se tratase de la escena de una película de terror.

Con el paso un poco acelerado, giró por una calle que ya le resultaba algo más familiar y no tardó en alcanzar su destino: El puesto de trabajo de su nueva ‘compañera’ de piso, por llamarle de alguna manera, ya que Andy no sería capaz de cobrarle el alquiler, pues sabía que la muchacha pasaba por momentos difíciles. Llamó un par de veces a la puerta con los nudillos, los cuales estaban enguantados. En realidad había ido allí a la aventura, no tenía ni idea de si la rubia ya se había ido a casa, pues era tarde. – ¿Luise? ¿Sigues ahí dentro? – Preguntó alzando la voz. Y justo estando ahí, parada, empezaba a ser consciente del frío que hacía. Se encogió de hombros y empezó a dibujar con el dedo índice garabatos en el empañado cristal. No sabía qué decir, no tenía ni idea. Las dos habían pasado por momentos similares a lo largo de sus vidas, pero Andy no estaba para dar conversación a nadie, sencillamente, no era su punto fuerte.

Todo su cuerpo temblaba sin poderlo controlar, debido al frío que hacía en la calle. Y la humedad tampoco facilitaba respirar aquella suciedad incómoda {de las calles} para sus pituitarias. ¿Qué demonios estaba haciendo allí parada cuado debería estar ya durmiendo en la cama? Había días en los que ni ella misma era capaz de comprenderse.

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Andrómeda J. Ylönen

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Re: Darkness In The Light. {Luise E. Fellner}

Mensaje por Luise E. Fellner el Sáb Sep 22, 2012 2:21 pm

Colocó sus manos alrededor de la Dahlia y echó un poco más de tierra en la maceta, para tenerla lista para Betty, aquella simpática joven de dieciséis que parecía tener el mismo amor por la jardinería que Lu. Era una hermosa dahlia azul, que había implantado solo a petición de la adolescente, al notar su emoción por ver una, ya que no eran comunes en absoluto. Dejó caer la flor con cuidado y se retiró, para observar su obra. Y sonrió, porque aquello era lo único realmente bonito que le quedaba en aquellos momentos. Su obra. Llevó ambas manos a su vientre y ahogó un nuevo suspiro, al notar la vida que crecía allí. Quería a su bebé más que nada en el mundo, era su tesoro. Un tesoro que ya no tendría padre, al parecer. Pues aquél que tenía esa responsabilidad había decidido alejarse. ¡Y de qué forma! —Pero, no te preocupes, bebé—, Lu calmó a su pequeño, en apenas susurros, sin dejar de recordar las condiciones en que su novio, en el cual confiaba plenamente y en el cuál tenía la esperanza de que recibiera la noticia del bebé con la misma alegría que ella. Pero, ya veía. La vida era injusta y no podía hacer nada al respecto. —Yo te cuidaré—, culminó la frase y sonrió, como si su bebé realmente pudiera verlo.

Comenzó a guardar todos sus implementos de trabajo, ordenadamente, en su sitio, para distraerse de la profunda decepción que le causaba el saber que posiblemente, no volvería a ver al imbécil de su novio. Y el saber que seguía queriendolo, pero también saber que ya no sería lo mismo, incluso si regresara. Entonces, mientras guardaba un par de pinzas, escuchó la puerta del establecimiento sonar seguidamente de una voz que ya, a estas alturas del partido, se le hacía sumamente familiar. Era Andrómeda, la chica que le había dado apoyo durante aquellas semanas que había estado incosolable gracias a las hormonas del embarazo. No eran amigas, pero se acercaban y ciertamente, Lu le debía mucho a Andy, pues gracias a ella no había tenido que volver a pisar continuamente el campo de batalla en el cuál se había convertido su propio apartamento y donde la única solado en guerra era ella misma. Había intentado ayudar con el alquiler y lo seguiría intentando, pues no le parecía justo estar allí sin pagar, pero realmente le estaba tomando carino a la chica.

—Sí. Ya salgo, Andy—alzó ligeramente la voz, para que Andrómeda pudiera escuchar. Luego, se lavó la tierra de las manos y salió, aun secandose con el pequeño trapo que siempre cargaba a la cintura, con el resto de sus intrumentos básicos. Se quitó el cinturón y lo dejó sobre el mostrador, antes de rodearlo. — ¿Qué haces allí afuera? —, preguntó, con una radiante sonrisa en sus finas facciones. Comenzó a abrir los diferentes seguros de la puerta cristalina que su propio ahora ex novio le había obligado a poner por su seguridad. Y abrió la puerta, para dejar pasar a Andrómeda. La abrazó, más que todo para brindarle un poco del calor que ella tenía gracias a la protección de la tienda y la hizo pasar, para luego cerrar la puerta nuevamente, con aquellos condenados seguros. — ¡Hola! ¿Qué haces aquí? Pensé que te irías a la casa directamente. —Comentó, con jovialidad. —Las cosas no están bien para que andes sola por ahí.
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Luise E. Fellner

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